martes, junio 21, 2005

Sobre el maestro y el discípulo I

He querido comenzar con este tema que recurre a mi lo suficiente como para escribir sobre él.
Con anhelo pienso en el día en que uno de mis profesores se acerque a mi ofreciéndose como maestro, con anhelo deseo ser discípulo. ¿Quedan maestros acaso? Trato de imaginar cómo habrá sido la enseñanza del arte del que quiero hacer mi vida, en el tiempo de los grandes maestros griegos. Trato de entender cómo hemos llegado a la mediocre enseñanza de hoy, que solo nos lleva a ser mediocres como estudiantes. Pero no puedo.
Solo me gustaría que las cosas fueran diferentes, y es que no hay otra forma de aprender un arte que a través de un maestro calificado para enseñar. Una persona en la cual confiar y a la cual temer, en el buen sentido, por quien sentir la obligación de no decepcionar, alguien que te motive a siempre querer más, que alimente tu hambre. El maestro a su vez necesita de un discípulo hambriento. De esa forma ambos crecen. De esa forma el maestro crece!
Pero no, hoy me veo en la obligación impuesta de aprender de un puñado más que heterogéneo de pseudo-docentes, muchos de los cuales no recuerdo ni su cara, mucho menos sus nombres ni su estilo de enseñar. De muchos otros guardo recuerdos no muy positivos; gente que considerado enemigos (no porque quiera), de los cuales he tenido que cuidarme, caminando por mi casa como por un campo minado.
Así que lejos de confiar en mis maestros he aprendido a ser receloso de ellos y a aprender diversas técnicas de sobrevivencia para resistir sus embates.
No puedo negar que he conocido a otros, románticos quizás como yo (si es que acaso yo lo sea), a los cuales no solo recuerdo y recordaré con agrado y admiración, sino que además me daría el coraje de decirles todas estas cosas y pedirles ayuda, pedirles sean lo que debieran ser por encargo de Hipócrates, que sean lo que quizás ellos mismos están buscando.
Y es que todo sería más fácil de esa forma. Y es que no veo otra forma de ser.
No me queda otra alternativa, buscar mis propios maestros, hacerme discípulo a la fuerza.
No nos queda más que convertirnos algún día nosotros mismos en maestros y volver al origen, recordar los fundamentos. El ciclo siempre tiende a completarse; podemos caer más bajo? Pienso que es hora de comenzar de nuevo. Somos nosotros, ahora.