Despedida inesperada en un callejón cualquiera
Y entonces el niño comprendió. Tomó su mano, y mirándola a los ojos le dijo: "Adiós". Luego se dió media vuelta y se sentó, para observar mejor la muralla de aquella calle sin salida.
Donde todo se pone en duda. Donde los proyectos se empiezan pero nunca se terminan. Donde la razón lucha por demostrar que no es necesaria, pero sin embargo falla.
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