domingo, octubre 02, 2005

De sueños, niños y hombres


Por mucho tiempo viví preguntandome hacia donde ir, cual era el camino. Marcado por Damian y ese mensaje que se me hizo tan marcado en la obra de Hesse: Encontrarse a uno mismo.

Y aquí estoy, igual que ayer preguntándome. Aunque no igual del todo, han pasado no pocos años. Hoy me encuentro más lejano a aquel niño que no quería ser hombre (pese a que jugaba a serlo, como cualquier niño), que era tirado por ambos mundos, aquel mundo fácil de la niñez, ese mundo de los sueños que por los cuales no era necesario luchar, a este otro mundo donde no nos queda más que hacerlos realidad.

No habría sido difícil renunciar a dar tal paso, de hecho me imagino que así es como debe vivir un número no despreciable de personas. Algo así como embotado en la matriz del consumismo, ese juguete nuevo que a los adultos les permite quedarse en aquella niñez de la que con algo de pena y nostalgia trato de escapar.
Y aquí estoy. Aún en medio de aquella lucha, pero más cerca de eso que no conozco y que anhelo. Porque no es mucho tiempo el que tenemos, y no es poco lo que podemos hacer, tantos sueños por los cuales luchar y hasta morir y hasta vivir.

Hoy sigo soñando como el niño que fui, ese niño que aun me habita y que muy probablemente nunca me abandone. Ese niño travieso que me invita a sus juegos nimios, a la cómoda seguridad del pecho. Y así como Harry con sus egoístas dos personajes, creo yo ir y venir entre el niño que con sus jueguetes sueña con ser hombre y el hombre que como un niño sueña y espera hacer valer su tiempo de paso por este purgatorio.

Hoy y cada vez más que antes, siento por momentos ese "uno mismo" y son solo esas sensaciones las que me han llevado a este punto final.